Ya se han acabado esta quincena del despilfarro en honor a la Natividad del Señor (creo que se dice así), y durante la noche de Reyes, como de costumbre, toca tirar la basura. En ese cotidiano acto me encuentro con montañas de envases dentro y fuera de los contenedores, y mientras mi pequeña perrita hace sus necesidades, yo reflexiono sobre la escena que contemplo sin mi cámara en la mano.
Y es que estamos en tiempos en que la conciencia social de reciclar, ahorro de energía y ahorro de agua, están más presentes que nunca, pero el reciclar parece no funcionar correctamente. Me viene a la cabeza la futura o presente ley europea de obligar a los fabricantes de aparatos electrónicos de ahorrar en el uso de standby. Y sin entrar en detalles de si la norma es beneficiosa o incómoda, yo me pregunto: ¿por qué no se obliga a usar un máximo de envases o embalajes en los productos? Y es que es impresionante el desembalar una simple muñeca y contemplar estupefactos un pequeño montón con el juguete desenvalado, y un enorme montón con los embalajes. Sí, ya sé que el marketing obliga a esta manera tan antiecológica de vender, y que los fabricantes ponen sus escasas voluntades ecológicas en la conciencia reclicladora de los ciudadanos.
Pero visto que la mayoría de los ciudadanos pasan del reciclado, ¿por qué no se obliga a las empresas a disminuir el embalaje de sus productos? Seguro que por lo menos con esa medida podríamos ahorrar dinero al no estar obligados a comprar tanto embalaje.






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